Comer y chichar a la vez es quizás la sensación humana más pura y significativa que podemos hacer simultáneamente. Es una pena que la sociedad latina sea tan conservadora y no acepte comer, chichar y cagar a la vez como un acto a lograrse en la nueva década, un acto de rebeldía social y de expansión de nuestros intereses individuales pues creo que sería la perfecta experiencia que nos acercaría más a Dios.
Los otros días fui pa Piñones a comer alcapurrias. Me tiré sólo con el carro de mami pues la otra vez fui acompañado con mi familia y la pasé bien mierda. Si me tiraba sólo al menos había garantía de poder hablarle a las nenas que se pasan allí o al menos ligarme a alguna doñita que llega en motora con unos mahones bien apretados y con cigarrillo en mano. Estando en el área, todo el mundo sabe que eso es un crical de kioscos regados por toda la playa. Me paré en un negocio, pedí una Medalla y tres alcapurrias de jueyes. En lo que me buscaban la comida, se me sienta al lado un tipo bien borracho con unas tenis de Charles Barkely (las que tienen el anillo transparente lleno de aire en la suela). Este tipo me dijo que se llamaba Ricky, pero pa mi que es mentira porque me lo dijo riéndose y me lo dijo con voz de locutor. Me entregaron las alcapurrias y de momento el tipo me dice “Sociooo, ¿tú sabes la leyenda verda’?” Yo le pregunto a cuál leyenda se refería, pues yo conozco muchas leyendas, a mi me dicen el Mr. Leyenda.
El borrachón, con Heineken en mano, dice gritando “Mera cabrón, hace como 5 años atrás una nena bien puta se comió una alcapurria de esas y se tiró al piso a temblar como culebra de río y empezó a hablar en lenguas raras. Yo estaba tan cagao, hermanito, que salí corriendo pa’ la playa y por poco me atropella un caballo." Me dejó el oído izquierdo bien sordo y vi mientras me decía eso una gotita de saliva caer lentamente sobre mi nariz.
Rápido que el tipo este me cuenta esta loquera, una vieja que estaba sentada cerca de mi estaba moviendo la cabeza hacia arriba y abajo, reforzando la credibilidad de este borrachón llamado “Ricky”. Me puse a pensar con calma sobre su historia mientras me bebía la cerveza (Medalla obviamente). Enfocado en el mar.
Al rato pusieron merengue en unas bocinas sin bajo y Ricky empezó a bailar sólo. Ese tipo estaba tan borracho que se le notaba un pancake de ron en la camisa. “Yo quiero tener amigos así”, me dije en silencio. Uso mis ojos de águila para ligar las nenas del lugar, pero solamente habían viejas, gorditas feas, haitianas y menores de edad. Volví a pensar sobre la leyenda de las alcapurrias que da la impresión que están poseídas por el diablo, si asumimos que lo que cuenta Ricky y como asegura una vieja sin tetas sentada al lado mío es verdad. Piénsalo. Una alcapurria donde vive el diablo. Sería el escondite perfecto pues es bien difícil encontrar al diablo. La alcapurria es una comida fácil de transportar, fácil de comer y fácil de cagar. Es bien posible que cuando esa tipa se metió un canto de la alcapurria en la boca, el diablo tomó posesión de ella y como el diablo es una culebra pues se manifestó de esa forma. Tiene sentido.Estas cosas así sobre el diablo y posesión de demonios están cabronas. Esta leyenda me puso a cuestionar sobre si estoy poseído por el diablo o no, pues he comido tantas alcapurrias en mi vida que debo tener el infierno dentro de mi. Quizás esto que escribo es producto de mi posesión, quizás soy el diablo, quizás nada de esto existe, quizás voy a morir cagando como soñé los otros días… Más razones para estar bien cagao.


















