Salgo corriendo de casa hacia el carro que me vino a buscar. Me había puesto ese día una tshirt con el logo de Econo, unas tenis viejas y mi reloj favorito marca Casio. Yo no acostumbro a usar prendas, pero ese día me puse una cadena con un crucifijo de oro, para dar la impresión que era un hombre de fe a pesar que mi religión va en picada desde que descubrí que un pastor por casa usaba el dinero de las ofrendas para pagar putas. Ver eso desmotiva a uno. También desmotiva saber que hay gente que se cree que el arca de Noé ocurrió literalmente cuando la realidad es que el arca de Noé ocurrió simbólicamente, o sea en la mente del que escribió los versículos. No me malinterpreten, yo creo en Dios y siempre diré Amen Con Pan en su nombre, la cuestión es que la fe en mi esta perdiendo el sentido tradicional. Quizás es el diablo que vive en mi corazón y tiene mi visión nublada o quizás es que todo en la vida es una mierda de fantasía cruda y Dios es una simple construcción del sistema como lo fue Neo en la saga de The Matrix. Quizás no hay nada. Nada.
Regresando al tema. El pana mío abre la puerta y tan pronto entro chilla goma para poder llegar a tiempo al lugar que nos esperaba. Llevaba todo el día pasado pensando en ese momento. Una oportunidad que podría cambiar mi vida para siempre. No se lo había contado a nadie pues no quería dar falsas expectativas y que si daba la casualidad de fracasar tampoco quería defraudar a la gente. Aun así sentía que la vida conspiraba a mi favor. Lo presentía. Lo presentía las veces que iba a mear como también aquellas que me comía lo que me daban en el plato sin preguntar. Era una sensación mágica, como si te estuviesen metiendo una varilla bien finita por la nariz y comienza a darte cosquilla y alergias y luego no sabes como detenerte. Era una sensación indestructible.
Al llegar a la oficina con el pana mío, le pido por favor que esperara en la sala en lo que salía de la reunión. La secretaria me deja pasar pues ya me estaban esperando. Entro por la puerta y me encuentro de frente al Sr. Rivera esperándome con la mano estirada para saludarme. “Buenos Días, Manny, me alegro vinieras, tenemos mucho que conversar”, me dijo con una voz de alegría y suspenso.
Mientras el individuo me hablaba yo me quedaba mirando la pared llena de premios, cuadros caros, libros, documentos y cajas. Nunca había entrado a una oficina así. Estaba acostumbrado a llegar a acuerdos verbales con personas en la calle, sin necesidad de la comemierderia de sacar cita, entrar a una oficina y hacer lo que se vino hacer. Era un proceso conocido, pero el actual era algo diferente y me incomodaba. Aun así tenia esperanzas de que todo iba a salir bien.
“Manny, cuando quieres comenzar. Veo en tu resume que tienes experiencia suficiente para este trabajo. Además noto que eres carismático y a la gente le gusta eso”. Con estas palabras el Sr. Rivera me ofrecía el trabajo mas anhelado en mi vida. Un trabajo que me paga bien, me permite hacer otras cosas de interés y poder así sentir satisfacción en mi vida. Antes me sentía vacío en mi casa, tener que ver a mami jodiendome todos los días, un papa enfermo que no se quiere morir, un hermana insoportable y bien bellaca que siempre le salen las cosas bien. Menos mal que tengo a mi perrito, mi vecino y a ustedes, mis lectores y fans por todo este tiempo. Aun así, saber que con este trabajo voy a superarme y llegar lejos me hace sentir invencible.
Esta memoria describe la felicidad que sentía cuando me dieron el trabajo en el motel Las Villas, algo que ya no hago pues me botaron hace meses y sigo desempleado “entre comillas” pues siempre encuentro un chivito por la calle que me da de comer.


















