Parece que desde ese día mi amigo me veía con ojos de “este tipo es un jodio pecador” y me insistía en que fuera a la iglesia. Decido hacerlo. Ese día me levanto temprano, me afeito las bolas (por si acaso) y empiezo a buscar una Biblia que tengo guardada en una caja donde protejo con micas mis revistas porno.
De camino a la iglesia me sentía raro. Me empezó a dar ansiedad, de esa que uno siente el día antes de San Valentín cuando estabas en la elemental. ¿Te acuerdas? Mano, cagaera bien cabrona. Imagínate esa sensación pero multiplicada por 100. Exacto, un montón de ansiedad. Infinito, creo.
La ansiedad comenzó a calmarse cuando puse en la radio salsa y merengue. Esa música relaja a uno porque uno se imagina que esta en un club setentoso rodeado de jevas con unos trajes cortos que se le ven las piernas completas y te caen encima pa bailar, a pasarte las nalgas sobre el bicho mientras te pones bellaco y bebes una Schaefer.
Entro a la iglesia y me quedo sentado en un banquito hasta que llega una vieja (bien vieja) a pedirme mi información personal. Obviamente se lo metí mongo porque le dije que me llamaba John Rodríguez y que era abogado de una firma en Hato Rey. Le di un email de embuste y el teléfono de mi enemigo (José Castro).
En el culto hubo un grupo de pantomimas y la tradicional música de una banda bien mierda. También cantó una nena gordita y luego comenzó el culto con el pastor hablando sobre los pecados contagiosos. Me refiero a que habló de cosas malas que uno hace y luego otros lo imitan. En verdad que no entendí mucho porque me quedé pensando en la vez que la mujer motora me agarró el bicho.
Al finalizar el culto, el pastor hizo un llamado a oración y que pasen al frente para aceptar a Jesucristo por su Salvador. De momento llega la misma vieja del principio y me dice al oído: “Pasa ahora que las cosas están bien malas”. Rápido que me dijo eso entendí perfectamente a lo que se refirió. Paso al frente, me acorralaron como 10 personas con sus manos sobre mi y empezaron a orar, se echaron a llorar, hablar en lenguas, a brincar, a cantar y la iglesia completa llorando y orando por mi. Yo estaba con los ojos abiertos mirando el piso mientras que el pastor me tocaba la cabeza con un aceitito que se echó en las manos intentando empujarme pa tras para que me desmayara.
Yo estaba quieto como una piedra, pensando en otras cosas. Pensé en la vez que mami me mango pajeandome en el baño. La vez que papi me dio con una correa en la cara. La vez que explote los petardos en la ventana del viejo ese y al rato se murió. Pensé en la vez que me mamaron las bolas (varias veces)… Y luego me quede en un “loop” bellaco pensando en que estaba en una orgia dentro de la iglesia chichando con todo el mundo. Una cosa cabrona. [link complementario]
Luego de 10 minutos sentí que Dios se me metía por dentro. Comencé a sentir paz. Una paz que me hizo poner en armonía con todo mi desorden interno. Ya entendía mi propósito en esta vida, ya podía vivir conmigo mismo sin sentir bochorno y rabia.
Dios me dijo al oído con una voz dulce, pero profunda, algo que nunca olvidaré:
“Ponte a escribir con mas frecuencia en tu blog, ¡no seas cabrón!”
Al escuchar ese mandato divino, me desmayo y quedo dormido en el piso de la iglesia por dos horas hasta que me levantaron. La iglesia estaba vacía, pero Dios aun estaba aquí.
