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Friday, August 06, 2010
Monday, June 16, 2008
El dios de los moteles: una aventura para el resto de mi vida
Lo primero que hice cuando llegue al motel fue preguntarle a los demás empleados si habían mangao a algún alcalde o artista chichando con alguna chilla o chillo. Todos me dijeron a la misma vez: “Chacho a cada rato”. Esas palabras me tocaron el corazón y sentí el espíritu santo metiéndose por el culo y saliéndose por la boca como un corrientazo. Me sentí como aquella navidad cuando me regalaron el monopolio de Lord of the Rings, que por poco lloraba de la emoción. Me dieron un tour por el motel para ver las facilidades, me enseñaron la mini cafetería y la tiendita de condones y lubricantes. Entre a uno de los cuartos para ver como eran (aunque yo había ido antes con una nena ahí que se me olvido el nombre) y olía a rico. Lo tenían limpiecito. El trabajo que me toca es la cosa mas brutal del mundo. Tengo que guiar a los clientes en un carrito de golf a los moteles, me bajo, le cobro y le digo que si necesitan algo llamen al teléfono que esta en el cuarto. Después regreso otra vez a la entrada y se repite el proceso. Por 5 horas corridas llegaron como 1,000 carros de parejas pa chichar. Y pasaron un chorro de cosas. Son tantas que no me va a caber aquí pero por ejemplo, un carro se le exploto una goma, dejaron un panty con sangre en la cama, alguien vomito encima del televisor, dejaron un plato de arroz con viandas encima de un toilet, apareció un condón cargao de leche guindando en una antena. En verdad hay un montón mas pero esta cabron. Este trabajo es la cosa mas brutal del mundo, estoy pompeao, culeco y con ganas de crecer en el mundo de los moteles.
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Wednesday, April 18, 2007
Como pendejo sobre charco baboso
Hoy me recordé de algo bien loco que me paso cuando estaba en la escuela. Recuerdo que era un viernes que había llovido toda la mañana. Al mediodía fui al comedor a almorzar, en verdad almorzaba dos veces. Lo que hacia era que salía corriendo del salón exactamente cuando sonaba el timbre para no tener que coger la fila cabrona que se formaba en el comedor. Cogia la bandeja, comía tranquilo con mis amigos y después que terminaba me iba pa una guagüita afuera que vendía dulces a comprar Cebollitas, una Pepsi y bombones de menta. Yo pa eso coleccionaba los tazos que venían en las bolsas de papitas y chitos y me iba caminando por toda la escuela buscando por el piso a ver si la gente los había botado. Un día bueno eran como 10 tazos. Un día malo eran como 4 tazos. Era una aventura cabrona. Después volvía pal comedor a almorzar otra vez y a coger mucha leche porque siempre sobraba. Me iba contento con el estomago lleno pa la próxima clase donde me quedaba dormido escuchando la clase de español. Este día lluvioso lo recuerdo clarito. Tan pronto termino la clase de español, me levantó el timbre, me fui caminando pa la próxima clase. A esa hora casi toda la escuela esta por ese camino donde uno anda para ir a otros salones. No se por que, pero me dieron ganas de correr sobre los charcos de agua que habían en el piso. De momento piso un charco baboso y me doy un resbalón tan cabron que abrí tanto las piernas que rompí el pantalón por los webos y luego me caí sobre el fango. Toda la escuela se paró de momento a mirarme y a reírse bien duro. Lo único que recuerdo son las caras de la gente riéndose en cámara lenta, mientras yo estaba en el piso sobre un charco con fango y los pantalones rotos enseñando los calzoncillos. Empecé a llorar como un pendejo. Cinco minutos después un amigo me levanto y me tapo los calzoncillos con una bolsa negra de basura que encontró por el piso. Me fui pa la oficina para que me chequiaran un golpe que me di por la rodilla y un dolor que tenia en la espalda. Mami llego a buscarme enfogona, pero después se alegro conmigo y me compro unas tenis en Kmart.
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